3.11.19

Viena, Austria Pt. 1/2

¡Hola gente! ¿Qué tal el fin de semana largo? ¿Habéis aprovechado para salir de viaje o habéis preferido un plan más tranquilo? ¿Celebrasteis Halloween? Yo este año he tenido tranquilidad, ni Halloween ni viajes ni nada, pero tampoco me he quedado encerrada todo el día en casa y he aprovechado para hacer compras, ver a algunos amigos y salir a cenar por ahí con pareja y familia que por el momento sigue haciendo bueno... ¿Y lo de peli + manta para cuando, veroño? ¡En fin! Cuando me pongo así prefiero recordar lo mal que lo paso cuando hace frío y el viaje que hicimos a Viena en enero me lo recuerda perfectamente...

Siempre quise ir a Viena así que aprovechamos las vacaciones para improvisar un viaje a la capital austriaca. Como llegamos por la tarde y como ya había oscurecido fuimos del aeropuerto al centro de la ciudad en tren y luego directamente al apartamento. Cuando salimos del metro y vimos nieve y hielo en las calles me di cuenta de que lo iba a pasar un pelín mal por el frío... Por suerte el apartamento que habíamos reservado par alojarnos era una pasada, con un salón tan grande como el de mi casa, dos baños (uno con bañera), cocina y una habitación con una señora cama. Ah, y con una calefacción potente que me desentumeció todo. Así que bajamos a por unas pizzas y cenamos ahí tranquilamente.
Ópera Estatal de Viena
Reservamos un free walking tour en español para el segundo día así que madrugamos para dirigirnos primero al edificio de la Ópera Estatal de Viena y luego a la Fuente del Danubio donde comenzaba la visita guiada por la ciudad. Personalmente me gustan este tipo de tour cuando tienes pocos días para visitar una ciudad pues así puedes ver los monumentos principales y conocer un poco su historia en dos horas, pero a otras personas como a mi chico les gusta más ir por libre... ¿vosotrxs qué preferís?
La primera parada fueron los jardines Burggarten con el Palacio Imperial Hofburg - que fue lugar de residencia de los Habsburgo y ahora abarca una amplia zona - de fondo; donde ahora se alzan esos jardines antes había murallas destruidas cuando Napoleón dejó la ciudad. La guía, una señora austriaca que hablaba bastante bien el español, nos habló tanto de los jardines como del palacio de Hofburg y los líos amorosos que hubo entre sus paredes.
Se supone que bajo ese manto de nieve debería de haber una clave de sol hecha con florecitas
Seguimos rodeando el Palacio Imperial de Hofburg pues, como he dicho antes, abarca una zona muy amplia. Ahí se encuentra la Biblioteca Nacional de Austria; no fue necesario entrar para imaginar cómo debe ser por dentro sabiendo que fue la Biblioteca Imperial de los Habsburgo y que posee más de ocho millones de documentos entre los cuales hay papiros, libros antiguos, mapas del año catapúm y partituras musicales. En la zona del palacio también hay una iglesia, los apartamentos imperiales, la Escuela Española de Equitación - institución dedicada a la doma usando la técnica tradicional española - y algunos museos como el Museo Sissi, la emperatriz que todos conocemos. Sissi siempre ha despertado cierta curiosidad en mi; cuando vivía en Suiza siempre me fijaba en la estatua que le alzaron junto al lago Léman donde fue asesinada a los 60 años por su manera de pensar, y aunque no entramos en el museo me gustó saber más de ella gracias a nuestra guía.
El interior de la entrada al museo de la emperatriz Sissi
Dejamos atrás el Palacio Imperial y todo lo que abarca para seguir hacia el centro de la ciudad
Este es el reloj Anker (famoso reloj aunque yo desconocía su existencia), situado en una fachada en la plaza más antigua de la ciudad, Hoher Markt. Lo gracioso de este reloj es que cada mediodía las doce figuras que tiene dentro "desfilan" una detrás de la otra gracias a su mecanismo mientras de fondo suena música clásica vienesa. Cuando llegamos ahí eran casi las 12 así que esperamos hasta que el reloj se activó. La verdad es que es bastante curioso.
Una simple floristería que me gustó
Para finalizar el tour pasamos por otros lugares emblemáticos de la ciudad como la catedral de San Esteban o la Casa de Mozart, haciendo una parada en cada punto para que la guía nos pudiese explicar la historia de cada uno como la de Mozart y su vida en Viena. Poco después terminó el tour y como el estómago ya se estaba quejando fuimos directos a uno de los restaurantes que la guía nos recomendó mientras hacíamos el recorrido. Para otras cosas no pero para recordar restaurantes tenemos buena memoria X). En Viena se come mucha carne y uno de los platos más típicos es el Wiener Schnitzel, un riquísimo escalope empanado que me metí entre pecho y espalda. Arriba tenéis la foto para que se le haga la boca agua a quien le guste la carne.
Con el estómago lleno y habiendo entrado un poco en calor regresamos al centro y entramos en la Catedral de San Esteban que comenzó a construirse en el año 1 137. Tiene una gran torre en forma de aguja de estilo gótico que mide 137 metros de altura por lo que se puede ver desde varios puntos, y también se puede apreciar el Tejado de los Azulejos formado por las de 250 mil azulejos. Por dentro la arquitectura y los detalles que hay en cada rincón de la catedral impresionan incluso a los que no somos fans de lo eclesiástico. Está compuesta por varios estilos arquitectónicos aunque predomina el gótico y también el barroco. Ahí se celebró la boda y también el funeral de Mozart y contiene los restos de algunos miembros de la Casa Habsburgo.
Cuando salimos de la catedral seguimos caminando por el centro sin un rumbo fijo, tan solo paseamos bajo el cielo nublado de Viena mientras se nos congelaba la cara. Lo bueno de viajar en esas fechas es que todavía había bonitas luces de navidad y otras decoraciones en tiendas y calles. Entramos en algunas tiendas y admiramos tranquilamente los edificios de esa ciudad que tiene tanta historia.
Tenía una corazonada; sabía que en algún lugar encontraríamos alguna pista de patinaje sobre hielo así que ¡qué ilusión dar con ella cuando íbamos a visitar el edificio del Ayuntamiento! Mi chico nunca había patinado sobre hielo así que al principio no estaba muy convencido pero menos mal que al final se animó (y le gustó) porque es uno de los recuerdos más bonitos que tengo de ese viaje. Era el lugar idóneo y era mi primera vez en una pista al aire libre. La entrada fue medio cara pero valió la pena. Estuvimos patinando durante más de hora por y media por sus pistas frente al bonito e iluminado Ayuntamiento y nos divertimos muchísimo. ¿Os gusta patinar? ¿Habéis patinado sobre hielo?
Cuando terminamos "tomamos" una taza de algún brebaje caliente y asqueroso. Al menos nos llevamos la taza de recuerdo (decimos que la robamos pero en realidad pagamos de más por ella...)

¿Habéis estado en Viena? ¿Os gustaría ir? Aunque realmente el frío nuble mis recuerdos positivos es una ciudad con mucha historia, con palacios impresionantes y edificios hermosos, una proyección con la esencia de lo que fue Europa en tiempos pasados.

Espero que os haya gustado el post, ¡nos leemos pronto!




5 comentarios

  1. Hay mucho arte en este país, tanto en su arquitectura como en su música.

    Besos

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  2. Conozco muy bien Austria, pero todavía no he visitado Viena. Tenía un viaje programado pero por temas de salud quedo anulado. Que ganas tengo de ir, me has inspirado un montón. Un abrazo :)

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  3. Hola! Qué maravilla de fotos. Es una ciudad que me encantaría visitar así que me apunto todas las ideas. Te espero pronto por mi blog. BSs

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  4. ¡Hola! ^^
    Yo soy súper friolera, pero aun así siempre he sido más de frío que de calor. Me encanta el invierno y la nieve, así que yo disfrutaría mucho con un viaje como ese. Las fotos te han quedado preciosas. Es como el escenario de una película navideña, y no veas que buena pinta tiene ese escalope :P
    Besos!

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